Cuando el 35mm dominaba la Tierra

Recuerdo perfectamente cómo eran las copias de 35mm en el año 2003: pesaban. Cuando la distribuidora de Kill Bill: Vol. 1 envió las latas a las cabinas de proyección de toda España, al acabar su montaje los operadores no tenían rastros de emulsión en sus dedos; tenían sangre «made in Tarantino».

La película, como casi todo el cine de la época, venía con sistemas de sonido simultáneos impresos en el mismo rollo de película:

• Dolby Digital 5.1, entre las perforaciones.
• SDDS en el margen exterior izquierdo de la película (aunque no todas las cabinas lo leían).
• Dolby Surround SR analógico junto al fotograma.
• DTS entre el fotograma y el SR (un código de tiempo sincronizado con un CD de audio externo).

Sin embargo el negativo original de Kill Bill era mudo. Quentin Tarantino y su director de fotografía, Robert Richardson, habían rodado la película en Super 35mm. Este formato utiliza la misma película física que cualquier 35mm, pero ocupa todo el ancho disponible para la imagen, incluyendo el espacio que en las copias de exhibición se destina a la banda de sonido óptica. El fotograma resultante es más grande y ofrece mayor flexibilidad de encuadre, pero también hace más visible el grano.

Una vez terminado el rodaje, ese negativo Super 35 se escaneó digitalmente en el laboratorio Technique de Burbank para etalonar, añadir efectos visuales y reencuadrar la imagen. A partir de ese proceso se generó un nuevo máster del que se obtendrían las copias de exhibición en 35mm, ya con espacio para las bandas de sonido. Este flujo de trabajo se conoce como Digital Intermediate (DI), y en 2003 era tecnología punta. El estándar habitual era 2K, suficiente para imprimir copias fotoquímicas con calidad cinematográfica.

"Estás viendo más de la estructura del grano, así que tienes que presentar al proceso del Super 35 el negativo más perfecto e impecable posible." — Russell Carpenter ASC, American Cinematographer, diciembre 1997.

El DI, la misma herramienta que permitía intervenir y controlar el grano del Super 35, introdujo también una capa digital que redefinía su textura original. El resultado era una imagen que ya no era exactamente la que salía del negativo, sino una versión filtrada, afinada, domesticada. El DI salvó al Super 35 pero, en parte, también lo esterilizó.

El director Quentin Tarantino dirigiendo el filme Kill Bill

The Whole Bloody Affair: de leyenda a realidad

Póster oficial de Kill Bill: The Whole Bloody Affair

Una versión extendida de más de 4 horas de Kill Bill fue un mito durante años. Se rumoreaba que había sido proyectada en algunos festivales de forma no oficial. Ahora, The Whole Bloody Affair, la unión de los dos volúmenes de Kill Bill llega a los cines de España en glorioso 70mm, con paradas confirmadas en el Mk2 Cine Paz (Madrid) y Palafox (Zaragoza).

Tarantino, abanderado de la exhibición analógica, promete una experiencia de CINE. Y el 70mm, efectivamente, ofrece una imagen entre tres y cuatro veces más grande que el 35mm, pero hay un detalle técnico que el marketing no cuenta: The Whole Bloody Affair procede del DI 2K del 2003. El 70mm aquí no es origen, es envoltorio.

Cuando Nolan estrenó Oppenheimer en 70mm, el público veía luz atravesando una imagen nacida y terminada fotoquímicamente. Cuando vaya a ver Kill Bill en 70mm, verá luz atravesando una imagen que nació en película, pasó por un proceso digital y después fue transferida a 70mm. La copia de una copia.

Los negativos originales del Super 35 de Richardson siguen existiendo y un nuevo escaneado a 4K era técnicamente posible. Pero rehacer todo desde el principio a 4K habría significado más tiempo y más dinero. Tarantino eligió el camino más pragmático: DI 2K original+Weta Digital para efectos visuales en 4K y transfer a 70mm.

El veredicto desde la cabina

¿Significa esto que el 70mm de Kill Bill es una estafa? En absoluto. La experiencia de una sala de cine sigue siendo irremplazable. El parpadeo del obturador mecánico, el haz de luz de la linterna de xenón y el espectacular sonido DTS de una sala de cine es algo que ninguna televisión puede replicar. Además, el nuevo montaje es mejor: secuencia anime sin cortes, escenas inéditas no mostradas en el 2003, la masacre de los Crazy 88 a todo color y sin el cliffhanger del Vol. 1. En definitiva, Kill Bill tal y como Tarantino siempre quiso que fuera.

Con esta nueva copia en 70mm, Tarantino le ha dado a Kill Bill el mejor sonido de su historia, pero también le ha pedido a un archivo digital de 2003 que llene un lienzo físico para el que no había sido diseñado. Como rehacer La noche estrellada para colgarla en lugar del Guernica.

El resultado es hermoso, excesivo e imperfecto. Exactamente igual que la propia película.